
El término "pasivo-agresivo" fue utilizado por primera vez por los militares norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial, cuando psiquiatras militares notaron el comportamiento en soldados que mostraban resistencia pasiva y eran reacios a cumplir órdenes.
DEFINICIÓN:
El trastorno pasivo agresivo de la personalidad, se caracteriza por una actitud pasiva, particularmente, en lo que se refiere en las obligaciones esenciales que cualquier persona tiene que asumir en la vida.
El término agresivo hace referencia a la agresión encubierta que subyace generalmente en estas personas, y que expresan indirectamente a través de su resistencia a colaborar o cumplir un papel dentro de su familia o de la sociedad. Son personas apáticas; que dan la impresión de que nada les interesa. Suelen reaccionar con irritabilidad, para continuar en la misma actitud que antes.
Desprecian la postura de autoridad, aunque estas sean completamente razonables. Carecen de sentido de la responsabilidad. Se pueden olvidar de tareas importantes, retrasarse y hacer las cosas fuera de plazo, etc. Generalmente tienden a aplazar cualquier actividad que no les resulta grata, y si lo hacen es a costa de un gran esfuerzo. Pueden causarles problemas laborales y escolares hasta el punto de no poder terminar los estudios. A pesar de lo cual y de los buenos consejos que les suelen dar las personas más allegadas, continúan con el mismo proceder.
Suelen vivir generalmente, mientras pueden, a costa de sus padres; para organizar su vida después estableciendo nuevas dependencias de otras personas o instituciones.
Estas personas recurren con frecuencia a las drogas o al abuso del alcohol, lo cual sólo sirve para agravar las manifestaciones de este trastorno de personalidad. De hecho, muchas de estas personas terminan convirtiéndose en alcohólicas o drogadictas.
Según Cecil Adams escribe: "El simple hecho de ser pasivo-agresivo no es un trastorno sino un comportamiento; a veces éste es un comportamiento perfectamente racional, que permite evitar la confrontación. Sólo es patológico si es una respuesta habitual, inválidamente, que refleja una actitud dominante pesimista".
Causas, incidencia y factores de riesgo
Las causas de este trastorno se desconocen, pero una combinación de factores ambientales y genéticos probablemente es la responsable.
Síntomas
Las personas con este trastorno rechazan la responsabilidad y lo demuestran a través de sus comportamientos en lugar de expresar sus sentimientos abiertamente. Con frecuencia, utilizan la dilación, la ineficacia y el olvido para evitar hacer lo que necesitan hacer o lo que otros les han dicho que deben hacer.
Algunos síntomas comunes del trastorno de personalidad pasivo-agresiva abarcan:
Actuar en forma malhumorada
Evitar la responsabilidad alegando el olvido
Ser ineficiente a propósito
Culpar a otros
Quejarse
Sentir resentimiento
Tener miedo a la autoridad
Tener ira u hostilidad sin expresarlas
Ambigüedad
Olvidos y lapsus frecuentes
Echar la culpa a otros
Tardanza crónica y olvido
No expresar hostilidad o enfado de forma abierta
Miedo a la competición
Miedo a la intimidad
Fomento del caos
Ineficiencia intencionada
Signos y exámenes
Los trastornos de personalidad se diagnostican por medio de una evaluación psicológica y una historia clínica cuidadosa de los síntomas.
Complicaciones
Dependencia o consumo de alcohol u otras drogas
Desarrollo deficiente en su profesión a pesar de su buena inteligencia
Diagnóstico
El médico basa el diagnóstico de un trastorno de la personalidad en la expresión por el sujeto de tipos de comportamiento o pensamientos desadaptados. Estos comportamientos tienden a manifestarse porque la persona se resiste tenazmente a cambiarlos a pesar de sus consecuencias desadaptadas.
Además, es probable que el médico perciba el uso inapropiado de la persona de mecanismo de enfrentamiento, a menudo llamados mecanismos de defensa. Aunque todo el mundo utiliza inconscientemente mecanismos de defensa, la persona con trastornos de la personalidad los usa de modo inapropiado o inmaduro.
Tratamiento
Aunque los tratamientos difieren de acuerdo con el tipo de trastorno de la personalidad, algunos principios generales se pueden aplicar a todos. La mayor parte de las personas con un trastorno de la personalidad no sienten la necesidad de tratamiento y, probablemente por esta razón, suelen acudir a la consulta acompañadas de otra persona.
· El terapeuta destaca repetidamente las consecuencias indeseables de la forma de pensar y de comportarse de la persona, algunas veces fija límites a este comportamiento y también repetidamente enfrenta a la persona con la realidad. Las terapias de grupo y familiares, vivir en grupo en residencias especializadas y la participación en clubes sociales terapéuticos o en grupos de autoayuda pueden ser útiles.
· Estas personas a veces tienen ansiedad y depresión, que esperan aliviar con fármacos. Sin embargo, la ansiedad y la depresión que resultan de un trastorno de la personalidad son raramente aliviadas con fármacos de modo satisfactorio y tales síntomas pueden indicar que la persona está realizando algún autoexamen saludable.
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