El trastorno narcisista de la personalidad es un trastorno de la personalidad del grupo B (desórdenes dramáticos, emocionales, o erráticos). Poseen un patrón de grandiosidad, fantasías de éxito, tienen necesidad de admiración, falta de empatía. Esperan reconocimiento, poder, brillantez, belleza o amor. Exigen admiración excesiva. Debe darse en diversos contextos y cumplir con cinco o más de los siguientes ítemes: (según pautas del DSM IV)
- Grandioso sentido de la autoimportancia; por ejemplo espera ser reconocido como superior sin unos logros proporcionados.
- Preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantes, belleza o amor imaginarios.
- Cree que es "especial" y único, y que solo puede ser comprendido por personas que son especiales o de alto estatus.
- Exige una admiración excesiva.
- Es muy pretencioso; por ej. recibir trato especial o que se cumplan automáticamente sus expectativas.
- Interpersonalmente explotador, saca provecho de los demás para alcanzar sus propias metas.
- Carece de empatía, reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.
- Frecuentemente envidia a los demás o cree que los demás le envidian a él.
- Presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbios.
El término Narcisismo es, en alusión al mito de Narciso, amor a la imagen de sí mismo. Amor que dirige el sujeto a sí mismo tomado como objeto.
El relato más conocido sobre el mito de Narciso es el que Ovidio relató en su tercer libro de Las Metamorfosis en el año 43 a. C.
La tragedia comienza a gestarse ya desde la concepción del niño Narciso, puesto que él es fruto de la violencia sexual. El dios-río Cefiso, después de raptar y violar a la náyade Liriope, engendró en ella a un joven de espléndida belleza, a quien dieron por nombre Narciso.
Preguntado sobre si el recién nacido tendría una larga vida, Tiresias, el sabio capaz de predecir el futuro, contestó cripticamente «Sí, siempre y cuando nunca se conozca a sí mismo.»
A lo largo de su vida, Narciso, va a provocar en hombres y mujeres, mortales y dioses, grandes pasiones, a las cuales no responde por su incapacidad para amar y para reconocer al otro.
Según el relato de Ovidio, entre las jóvenes heridas por su amor estaba la ninfa Eco, quien había disgustado a Hera y por ello ésta le había condenado a repetir las últimas palabras de todo cuanto se le dijera. Eco fue, por tanto, incapaz de hablarle a Narciso de su amor por él, pero un día, cuando él estaba caminando por el bosque, acabó apartándose de sus compañeros. Cuando Narciso preguntó «¿Hay alguien aquí?», Eco contenta respondió: «Aquí, aquí». Incapaz de verla oculta entre los árboles, él le gritó: «¡Ven!». Después de responder: «Ven, ven», Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos.
Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor. Tentado por Afrodita, al contemplar su imagen en el espejo de la superficie del agua, sintió una fascinación por su propia imagen de la que no pudo sustraerse. No podía tocar ni abrazar al ser que veía reflejado en el agua, pero tampoco podía apartar su vista de él. En otra versión del mito, uno de los menospreciados por Narciso se queja a los dioses y Némesis, la diosa de la venganza, se encarga de castigar su orgullo.
De cualquier modo, Narciso, subyugado por la bella imagen de sí mismo que le devolvía el río, se retrajo de toda posible relación amorosa con otros seres, e incluso de atender sus propias necesidades básicas, y su cuerpo se fue consumiendo para terminar convertido en la flor narciso, una flor tan hermosa como maloliente. Mientras tanto, Eco, consumida de melancolía, se retiró a una cueva donde su cuerpo también se consumió, quedando de ella solo una voz sin forma que repite, en la lejanía, la última frase o sílaba que se pronuncie.
1. El narcisismo infantil.
Cierto narcisismo es normal y deseable durante el desarrollo infantil. Los niños pequeños ven cubiertas todas su necesidades y los demás parecen estar ahí para servirlos de inmediato. Durante el proceso de construcción de su identidad, necesitan sentirse admirados y reconocidos por sus padres, necesitan sentirse valorados como seres únicos porque es así como llegan a aprender que son personas diferentes y separadas de sus padres y que, por este motivo, ellos pueden tener deseos y necesidades diferentes a las suyas.
Se sienten amados por ser quienes son y no por lo que pueden hacer por los demás. Aprenden a reconocer y confiar en sus propios sentimientos porque sus padres reconocen esos sentimientos y los valoran sin tratar de imponerles los suyos. Es decir, este deseo de admiración típico de los niños, se debe a una necesidad de ser reconocido como persona única y separada de otros, sentirse importante y poder construir de este modo una identidad y una autoestima que no dependan de la aprobación de los demás sino que nazcan dentro de ellos mismos.
2. El niño/a frustrado.
Cuando esta necesidad de reconocimiento se ve frustrada, el niño o niña no se siente especial, desarrolla una autoestima baja y puede incluso pensar que esa necesidad de reconocimiento es algo malo o que puede hacer que los demás sientan envidia.
Las reacciones ante esta situación pueden ser diversas. Puede dar lugar a una personalidad dependiente, centrada en la satisfacción de las necesidades de los demás para conseguir su aprobación o puede dar lugar a una personalidad narcisista, que infla su propio ego para compensar su falta de autoestima e inseguridad.
Es decir, el narcisista busca la aprobación y admiración que nunca tuvo pero no quiere reconocer esta debilidad y la niega, construyendo un yo maravilloso y perfecto al que todo el mundo debería adorar.
3. Egoísmo y altruismo: las dos caras de la misma moneda.
Por tanto, y aunque resulte paradójico, cierto egoísmo, definido como la necesidad de ser comprendido y admirado sin que nos pidan nada a cambio, constituye la base del altruismo, ya que cuando nos sentimos queridos y aceptados por ser quienes somos, nos comportamos de igual modo con los demás y somos generosos.
Cuando sólo nos sentimos queridos si damos algo a cambio o mendigamos su amor, aparecen la frustración, el resentimiento y la sensación de que somos explotados.
Lo que se esconde debajo.
- Como hemos visto, debajo de ese enorme ego se esconde una persona con una autoestima muy baja, sensación de poca valía personal e inmadurez emocional.
- Esos sentimientos le parecen inaceptables y los oculta.
- En su lugar crea un ego grandioso y superior para compensar.
- Al ser este ego falso, necesita demostrar continuamente dicha superioridad a través de la aprobación y los elogios de los demás, ya que es el único modo que tiene de verla confirmada. Es como si no llegara a creerse del todo esa grandiosidad que trata de transmitir.
- Las críticas echan abajo esta frágil construcción. Por eso reaccionan ante ellas con tanta rabia: ven amenazada su valía personal. El narcisista humillado querrá destruir al causante de dicha humillación para demostrar así que no es cierto lo que dijo de él y poder recuperar sus sentimientos de valía personal.
- La falta de empatía procede de una preocupación excesiva por sí mismo y de la dificultad para reconocer a los demás como individuos separados con sus propias necesidades (inmadurez emocional).







